Los Libertinos y los últimos salones del siglo XVII

Lienzo sobre los Libertinos Barrocos
Lienzo sobre los Libertinos Barrocos

El libertino originario es aquel personaje que ama la vida por la vida misma, que conoce los placeres y los modera, nuestros personajes se embriagan a veces de vino y otras de ideas, cuestionan el orden preestablecido, engañan al clero y sobre todo poseen un espíritu libre. El libertino barroco nace del hartazgo de Apolo, de la enseñanza jesuita y el asfixiante yugo escolástico. Todos ellos transgreden y al transgredir dan vida a un movimiento filosófico original.

¿Cuáles son las bases generales de este movimiento? El escepticismo y la duda. Los libertinos redescubren a Epicuro y a Pirrón. La moral deja de ser trascendental, la ética se vuelve utilitarista. Fideístas o tímidos ateos, todos ellos se envuelven bajo una sabiduría existencial, no la erudición de la doctrina sino la búsqueda de la felicidad en el ahora, en el aquí. A los libertinos les estorba el púlpito, la religión limita su conciencia crítica, aun así, saben disimular y sobre todo saben cuándo detener su avance para no terminar bajo las llamas.

En Los libertinos barrocos se ocupa del siglo XVII francés, conocido como «Grand Siècle», desmantelando los mitos y las leyendas de la historia oficial y descubriendo, en las antípodas de su tarjeta postal con la efigie de Descartes, Pascal o Fénelon, una constelación de «libertinos barrocos» que, aunque sin dejar todavía de ser cristianos, se inspiran en Montaigne, los relatos de viaje del Nuevo Mundo, los gabinetes de curiosidades, las lecciones que se extraen de las lentes astronómicas o la anamorfosis de los pintores, para dar lugar a un pensamiento original y a veces oculto bajo el brillo de los «salones» de la época.

Los libertinos barrocos son protagonistas de una importante revolución en la metodología, la ética y la religión imperantes hasta entonces. Defienden una actitud y un pensamiento inspirados en el relativismo y el perspectivismo, son partidarios entusiastas del nuevo modelo científico, escépticos en materia de religión, que no desdeñan del todo, pero que matizan con un enfoque fideísta, y reivindican decididamente la plena libertad filosófica, que combinan con su apoyo a la moral epicúrea y el sensualismo. Entre los pensadores estudiados, además de Pierre Charron, Cyrano de Bergerac, François de La Mothe Le Vayer, Charles de Saint-Évremond y Pierre Gassendi, figura Baruch Spinoza, que, por raro que parezca, nunca ha sido abordado bajo el ángulo de su especificidad hedonista.

Los libertinos barrocos proceden de parecidas condiciones históricas: en primer lugar, pertenecen a una genealogía montaigneana; en segundo lugar, proponen una epistemología singular que activa un método de deconstrucción escéptica; en tercer lugar, desarrollan una moral particular que promueve una ética radicalmente inmanente; en cuarto lugar, proponen consideraciones inéditas acerca de las cuestiones religiosas al establecer las bases de creencias religiosas fideístas. Por tanto, un mismo origen y tres revoluciones: método, ética y religión.

Fuentes:

Onfray, Michel “Los libertinos barrocos. Contrahistoria de la filosofía, III” (2008)

Amalia Marín Martí, “Sociedad y literatura en el Siglo XVII francés: Los Salones.” (2001)


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